Acaso la realidad de mi propia historia no sea sino el más bello cuento de hadas que yo he pedido desde la infancia.

Alfonso Rubio y Rubio



Alfonso Rubio, un poeta de gran decoro y dignidad

Por Salvador de la Cruz


El cultivo de la poesía no es muy frecuente, ni muy compensado, en una ciudad que, como Monterrey, se ha distinguido por su espíritu práctico y ha hecho gala de que sus hombres se ocupan, ante todo, en obtener toda esa gama de satisfacciones que constituye actualmente la vida moderna.

Por ello es más digno de tomarse en cuenta todo esfuerzo —y todo logro— de actividad intelectual y, más que otra cosa, de actividad artística y literaria en aquella hacendosa urbe donde parece que el paisaje mismo, más que sobrio yermo y erizado de pétreas montañas, es un obstáculo más que hay que vencer para dar pábulo a la expresión de los más puros y más íntimos sentimientos y experiencias humanas, que no otra cosa es la poesía.

Un libro que abre un paréntesis de delectación espiritual en aquel tráfago citadino es Línea en la llama, antología leída de Alfonso Rubio que bajo el hermoso rubro de “Poesía en el Mundo” acaba de publicar la Asociación de Estudiantes de Arquitectura del Tecnológico de Monterrey. Alfonso Rubio, moreliano de origen, es un espíritu de muy definida estirpe intelectual, que ha explorado con un privilegiado talento todos los campos del saber, dando patentes muestras de su preferencia por las letras, y en particular por la poesía.

La poesía es un reflejo vivo de las experiencias, de los recuerdos y de las emociones del poeta y por ello, aparte de su calidad intrínseca de expresión estética, es como una aguja muy sensible que registra, con el mismo lenguaje poético utilizado por el poeta para dar forma a su inspiración, el proceso de su formación intelectual, las características de su alma, su concepto del mundo, su conducta moral ante la vida, y desde luego, los estímulos, preferencias y gustos que han permeado su sensibilidad en el curso de su carrera literaria.

Por lo que respecta a la poesía de Alfonso Rubio, contemplada desde esta Línea en la llama, revela con meridiana claridad un decoro y una dignidad, así en su factura como en sus temas, que pocas veces es dable encontrar en la poesía que se escribe en nuestros días. Tal virtud procede de su misma naturaleza, puesto que ha sido escrita con lo que nuestros clásicos llamaban ‘entendimiento de hermosura”, que no es sino amorosa contemplación de la belleza del mundo y sus creaturas, no desde el ángulo grosero de los sentidos, sino “sub specie oeternitatis”.

Las cosas que nos circundan y entre ellas los seres objeto de nuestro amor junto con los temas más trascendentales al hombre, constituyen el universo poético de Alfonso Rubio en el cual el lenguaje mismo se acendra con una expresividad tierna y delicada que no por ello deja de ser viril ni de conservar una entonación apropiada a los estímulos de sus cánticos. La madurez intelectual del poeta, el dejo aristocrático de sus preferencias literarias y la elegante discreción con que discurre por los temas de su inspiración, confieren a su poesía una forma neta y definida, en la cual la sencillez se aúna con la profundidad, las imágenes no se desbordan más allá de la emoción que les dio origen y el don de comunicación —inherente a toda poesía verdadera— actúa con suave eficacia embargando al lector del mismo estado de ánimo que al poeta.

Este libro es también un contundente testimonio de que en México la buena poesía no está circunscrita a las capillas literarias ni sometida al exclusivismo editorial de quienes juzgan que, para que un poeta sea de valer, es necesario que comporta la suerte de los agraciados por becas y recomendaciones académicas.

La Asociación de Estudiantes de Arquitectura del Tecnológico de Monterrey, al iniciar su colección “Poesía en el Mundo” con este libro de Alfonso Rubio Línea en la llama, ha dado el mejor paso en firme que podía dar para contribuir, con una gran alteza de miras, a la difusión de aquella auténtica poesía mexicana escrita por quienes, como Alfonso Rubio, saben elevar su cántico por encima de la vulgaridad que nos rodea.

Reforma Universitaria, 28 de febrero, 1958, México, D. F. Nota crítica