Acaso la realidad de mi propia historia no sea sino el más bello cuento de hadas que yo he pedido desde la infancia.

Alfonso Rubio y Rubio



450 Aniversario de Morelia, Semblanza de Don Alfonso Rubio y Rubio

Por María Elena Ortiz Rubio


La historia del hombre
es como el mar.
Las olas van y vienen,
fluyen y refluyen.
Pasan.
Pero nada se pierde.
Todo queda en la memoria del mar.

Así empieza uno de los poemas del poeta moreliano a quién Morelia recibe hoy como se recibe a un hijo amantísimo al que se añora en lo más recóndito del alma. ¡Qué cierta es la expresión!... en nuestra historia nada se pierde... todo se atesora y guarda... que para ello es el corazón! Considero un honor y a la vez una inmensa alegría el poder, en esta noche, hablar de una persona a quién aparte de profesar admiración y respeto me une a él ardiente y especial cariño.

Mi tío Alfonso, pues es hermano de mi madre, es el personaje central de la etapa que cimenta la vida - la infancia, - en mi existir. Es la influencia decisiva que abrió horizontes y perspectivas de ensueño a mis ideales y metas, nunca cambiadas, aunque hubieran nacido en la niñez.

Todo esto no tendría importancia, excepto para mí, sino fuera el que por esta relación de gran admiración e influencia, soy, quizá la persona, que actualmente, más pudiera decir de lo desconocido, de las primeras etapas, del anecdotario de la niñez y adolescencia, del hacer y quehacer diario, del trato familiar entre los de su sangre, de lo escondido en el dobladillo de los días que fueron estructurando al hombre, que tan bien dibujara la palabra de Don Alejandro Avilés, como humanista, abogado, filósofo, catedrático, poeta, conferenciante, consultor internacional, Comendador de la Orden Civil de Don Alfonso X el Sabio y aún más, de mi tío Alfonso.

Mi saber viene de la avidez y curiosidad insaciable con que mis ojos infantiles y mi corazón de niña enamorada se adentraron en la persona del tío - príncipe, héroe, sabio, caballero andante, narrador prodigioso y ameno, contador de sueños y ensueños, señorial y cercano, joven y paciente - que eso y más fuera para mí en una convivencia llena de varonil ternura, en ese entonces, yo era su única sobrina y la personita de más pocos años en su entorno.

Hijo menor y único varón de una familia de tres hermanos, nació un 19 de marzo de 1919... por lo que lleva también en su bautizo el nombre de José, ya que en esa fecha la Iglesia celebra al custodio de la Sagrada Familia. Alfonsito... así le llamaban, fue la adoración de sus dos hermanas Ana María y Catalina. Fue un niño vivaz, inquieto y activísimo, a la vez que reflexivo y agudo.

La muerte de su padre le envolvió en un mundo femenino: la madre, la abuela y las dos hermanas... así que tuvo que perfilar para él una nueva manera de ser hombre, ya que no tuvo modelos a mano al no conocer a su padre y llenar en su familia la soledad del padre ausente a quien él representaba.

Nace y vive en Morelia - es muy nuestro - . Y claro lo que sus ojos infantiles beben en esa casa moreliana de cuartos que asoman a un corredor, de un patio que se adorna de macetas con azaleas multicolores, de helechos y de begonias, de sencillas malvas y geranios y, no podía faltar la encendida camelina y la tupida madreselva que con, el jazmín - doble - se disputaban el aromar suavísimo la casa.

El oído se inunda del trinar de los pájaros cautivos en las jaulas colgadas en el corredor - ¿Será que le gusta la jaula y que por eso cantan? - “No”, contesta la abuelita de riguroso negro, al cambiar el alpiste y poner el madroño y la lechuguilla a cada avecita, “ellos cantan porque Dios los hizo para cantar”.

Comentario de Alfonsito. Si ahí me encerraran, yo no canto. Detestaba la pérdida de la libertad, y, sin embargo, a su inquietud y travesura, era el mejor castigo. La casa, buena casa moreliana, también tenía su segundo patio y allí un cuarto sin ventanas... el clásico cuarto oscuro - como mandado hacer para los niños guerrosos - y allí iba con frecuencia Alfonsito. Bien encerrado - por fuera - en ese tenebroso lugar. ¡castigo espantable! Dos, tres veces protestó, después eran las hermanitas las que lloraban y suplicaban por él. No daba resultado. La mamá, inflexible, le encerraba... y ante el asombro de las niñas Alfonso no protestaba... heroico, serio, firme y hasta tranquilo se dejaba encerrar... ¡valerosísimo!... las hermanas sentían crecer su admiración por él... Pero un día, ... ¡todos los misterios se aclaran y descubren!... se escombra aquel cuarto olvidado, sin luz y sin sol... y se encuentra la clave del misterio.., una buena vela, unos magníficos cerillos y un buenísimo altero de Cuentos... ¿Qué importaba la oscuridad con tan buena luz proporcionada por la vela?... y ... ¿Cuál soledad y miedo?... si le acompañaba Grimm, Perrault, Andersen, Wilde, Sherezada y sus múltiples hadas, genios, duendecillos, princesas y príncipes en singulares hazañas?... Alfonso niño no cambio el castigo, pero encontró la forma de hacerlo ¡tan llevadero!...... Quizá desde entonces aprendió a combinar la realidad más sombría con la imaginación más deslumbrante... a pesar del dolor, que no estuvo ausente, ni en su infancia, a decir en uno de sus pórticos poéticos:

“Acaso la realidad de mi propia historia
no sea sino el más bello cuento de Hadas
que yo he pedido desde la infancia”.

¡Claro que sí... la propia vida se vuelve un cuento de Hadas - el más bello, - si le acompaña la percepción de la belleza más grande y profunda: el gozo de lo humano... la plenitud del ser persona.

Jugaba con las hermanas, a que en su triciclo, él traía tesoros fantásticos desde lejanas tierras. Y un día era un mago de oriente, otro día, era un mercader de las Mil y una Noche, otro, era un príncipe vencedor de mil combates y así, desfilaban en el juego - buenos eran esos tiempos en que los niños jugaban - hazañas, heroísmos, actos de bondad y valor y luego, el clásico chocolate con la abuelita en la merienda, los bizcochos de huevo en probaditas de sopas mojadas en la espuma de la bebida iridiscente al ser batida.

Y las primeras letras llaman a su puerta, y con ello, el pronto reconocimiento, de quienes le rodean, de su clara inteligencia y su innegable talento. Sorprende su facilidad para el estudio, su prodigiosa claridad mental y la gran agilidad de su memoria. Llama poderosamente la atención el hombre intelectual que jamás le abandonará y que inculcará en muchos a lo largo de su vida humanística profesional.

Estudios... ¡una gran inclinación por las Humanidades! deporte, ¡un gran gusto por el fútbol! Amigos, incansable conversador. Y aún niño, nuevamente la muerte entrecruza su existencia: primero, la dulce abuelita y después la infatigable madre... Ana María, la hermana mayor, hará ahora las veces de tan irreparable pérdida.

¡Afortunado! conoce la maternidad en las tres etapas preciosas de la mujer: la maternidad señera, en la dulce abuela: la maternidad de madura entereza, en la madre adulta y en Ana María la maternidad de adolescencia en flor: Ingresa en el Seminario y apunta para una brillante carrera eclesiástica... allí, en pleno desarrollo, encuentra su cuerpo y alma adolescentes, al dejar atrás la niñez... Sorprende a las hermanas, al volver del levítico Erongarícuaro de unas vacaciones del seminario, crecidísimo, pantalón de brinca charcos - estatura recién estrenada - la voz ya, nueva, de timbre varonil y, con una ensarta de ollas del barro policroma, de Quiroga, al cuello, como regalo para ellas.

Son los días de la decisión vocacional - que, si bien, no fue el sacerdocio, sí dejan honda. Es el encuentro personal con Cristo, es acercarse al misterio del Dios que se hace hombre y vivir el hombre -ya no el niño - que se acerca a Dios.. es la sed de Infinito.. es el hambre de lo eterno., es el decir en entrañables versos:

Verte Señor, pero con otros ojos.
Palparte con un tacto que te ahonde,
Hallar tras la tiniebla que te esconde
la luz en que se abismen mis antojos

Crisis de Fe, tal vez, crisis de la edad juvenil, de ¡tantas cosas! pero sale del ambiente que intentara sofocarle con una fe acrisolada como dirá él mismo.

Ciego, pero sabiéndome tenerte
arrebatado por la Epifanía,
como con otros ojos para verte

Muy al estilo de San Juan de la Cruz, muy de salida de la noche oscura del alma, fortificado en la gracia y muy ubicado en la humanidad. Quién así habla sabe de amores y de amores con sabor de eternidad. Sale del Seminario, y encuentra a Morelia en ese delicioso vagar bebiendo la belleza, la ciudad le seduce, cada jardín y cada fuente, cada cantera y cada camelina, vestida de tenue claridad en la mañana o refulgente en el sol del mediodía... arrebolada en sus magníficos crepúsculos o adormecida bajo el tenue titilar de las estrellas. Encuentra en la ciudad lo humano y le fascina, empieza su Carrera de Derecho y el ausentarse de Morelia para estudiarla acrecienta la raíz que le une a ella, a los entrañables amigos, a las peñas literarias, a las charlas en el Panal, alrededor de la taza de café... los portales, las tías y los primos, Teno el primo sacerdote, que años más tarde le casará en Monterrey... El P. Alday, el P. Ponce, Alejandro Avilés, Porfirio Martínez Peñaloza y tantos más.

Del derecho le atrajo el campo de la filosofía que en los valores vividos harán posible la justicia. Sólo la entiende en el Humanismo puesto al servicio de la Vida, lo que le coloca en la línea de Moro y de Vasco de Quiroga. Se recibe en la Escuela Libre de Derecho y su Tesis es laureada y publicada por la Editorial Jus. Se intitula “La Filosofía de Los Valores y el Derecho”. En esta etapa es donde yo le recuerdo.... el despertarle en las mañanas, para que todavía sentado en cama me contara un cuento. El decirle mis sueños... y el me dijera el suyo de la noche anterior que siempre era maravilloso verle desayunar en un casi ritual con el café.

Conocer a sus amigos y oírles leer versos.. Ir a una obra de Teatro en que él participaba y salir de mi duda, de cómo se vería con los tres tipos de ropa que llevó en su veliz al Teatro Ocampo. Y que yo pensaba usaría a la vez, esperar las llamadas en aquel Teatro Ocampo con un telón donde se veían las Musas en un jardín y cielo espléndidos, en aquél Teatro Ocampo cuyo techo tenía los signos del Zodíaco y tenía plateas y palcos en su recinto.

El Teatro, ¡Su gran afición! La obra que yo recuerdo era “La Casa de la Troya” de Alejandro Pérez Lugín. Salí de la duda en ese entonces, salió en cada escena con diferente tipo de ropa, pero no con todo a la vez. El Teatro... su mejor medicina, a partir de este hecho: Llegó un día a la casa, contraria su costumbre, pues era la hora de la amena tertulia, malísimo, muy enfermo, derecho a la cama, las hermanas angustiadas le oían el corazón como quién estruja una hoja de papel ¿Se moriría Alfonso? Cata la hermana menor nerviosísima estalla en llanto. Se llama al médico y viene. Ausculta seria y gravemente y da su diagnóstico: “Alfonso, no tiene usted nada, levántese y haga su vida normal”. Conclusión: mi tío Alfonso se levantó y se fue al Teatro, y mi tía Cata cayó enferma en cama por el gran susto.

Ya se ha recibido. Morelia le ofrece uno de los mejores bufetes a través de un magnífico abogado, las hermanas le esperan con ilusión, yo sueño mi tío en casa pero recuerdo con claridad y con angustia cómo escuche la primera vez la palabra Monterrey cuando mi tío Alfonso platicó a sus hermanas la posibilidad de ir al nuevo centro de Estudios - el Tecnológico - en esa ciudad que yo sentía tan lejana y tan extraña. Si yo lo sentí ¿cómo no lo sentirían sus hermanas que vieron caer las ilusiones de tenerlo cerca? - ¡Oh, tan bienamado tío Alfonso! -, pero la decisión era suya y su indiscutible vocación al hombre le llevó a la juventud del Tecnológico de Monterrey.

Se abrieron las heridas de la ausencia. Nos costó mucho compartirlo con la lejana ciudad, y yo pudiera haber escrito junto a él las expresiones de “decir adiós, amigos...” porque fueron vivencias compartidas. Monterrey le recibió con las alas tendidas hacia el más alto vuelo del espíritu, con los ojos brillantes de los más puros entusiasmos y con la madura juventud acrisolada en su vida. Mucho dio a Monterrey mi tío Alfonso - ¡se dio todo! - pero también mucho recibió.

Un grupo de muchachas regiomontanas tiene inquietudes por la Filosofía, se sabe del nuevo profesor del Tecnológico y se organiza unas charlas, unas conferencias sobre la temática y entre ellas Esperanza Beatriz. ¡Bello nombre para una mujer! Revuelo femenino antes de conocer al profesor de quién tan bien se habla. ¿Cómo será? ¿Caminará encorvado? ¿Andará por los cincuenta y tantos años? ¿usará gruesos anteojos y tendrá un aire divagado como buen filósofo? ¿Traerá bastón y de verdad no será aburrido doctoralmente? ¡Gran estupor!....cuando se dan cuenta que el maestro es tan joven y tan filósofo. Esperanza será la esposa de Alfonso formarán un hogar, y detalle delicado, el viaje de bodas será a Morelia, la ciudad nunca olvidada, la raíz y el reencuentro, la madre y la maestra del lenguaje de músicas y viento, de la palabra de poetas pájaros y canteras rosadas porque:

El amor es una primavera
que desborda las tapias y florece
lo mismo hacia dentro que hacia afuera.

Muchas Gracias.

Texto realizado por la Maestra María Elena Ortiz Rubio de Roa, en el homenaje que le fue rendido a Don Alfonso Rubio y Rubio, durante la celebración de los 450 años de la fundación de Morelia, en 1991.