Acaso la realidad de mi propia historia no sea sino el más bello cuento de hadas que yo he pedido desde la infancia.

Alfonso Rubio y Rubio



Letras,..

Jorge Eugenio Ortiz.


“…La voz es una rosa
que en su corola encierra todas las maravillas
y se organiza al capricho de los ángeles del viento”.

Si el más escrupuloso teórico de la poesía pura ha de conceder una explicación temática siquiera para algún extraviado recoveco en el proceso de la creación poética, los anteriores versos podrían ser considerados como una autodefinición estética de la motivación particular que preconiza como poeta Alfonso Rubio y Rubio.

Tarea de crítico “gambusino” –a la manera de Rafael Cuevas aconsejaba rastrear las “vetas”, los “ozonos trágicos”, los “aledaños” del universo poético. Acaso –para la crítica de explicación temática- el propio A. R. y R. así quiso enunciar su credo estético en el poema Para liberar el canto:

“No hacen falta suspiros, ni lágrimas,
ni noches, ni jardines, ni luceros.
En realidad no hace falta nada
sino la libre y graciosa gana de los ángeles”.

Datos
Hanse dado a la estampa, que recordemos, los siguientes poemas de A. R. y R.:
Luna de Horas –Morelia, 1944-, y Voz de Silencio –colección Camelina, Monterrey, 1948-, en cuidadas plaquetas de limitadas ediciones uno y otro. Dados a conocer por la desaparecida revista literaria “Viñetas Michoacanas”, que dirigieran Porfirio Martínez Peñaloza, el propio A. R. y R., y Miguel Castro Ruiz; Dos Jardines –p.43 de “Viñetas” en “Haz de Provincias”, 1946; y Para cuando te vayas y Para liberar el canto, -insertos en el número 1, 3ª. Época de dicha revista, Morelia, enero de 1947.
En la Revista “Trivium”, que él mismo dirige, A. R. y R. ha publicado Esbozo de la Sierra –noviembre de 1948, Monterrey-, y Canción para las adolescentes –abril de 1949.

Definición
No de efímera y desgobernada afición poética, se nos ofrece nacida la poesía de A. R. y R. El presupuesto de una definición estética –la de Para liberar el canto- sería suficiente para considerarla excluida de esa cuna postinera que los franceses han denominado “nouveau frisson”, y que consiste en un mero deleite de novedad y de gusto en boga, y que daña en su origen y destruye en sus posibilidades la producción poética de ese tipo de “bohemias” contra el que se lanzaba no hace mucho tiempo del crítico mexicano José Luis Martínez. Pasión poética de ajustada y elaborada realización de tono lírico, nace de vivencias personales, que alcanzan, cada una, un perfil exacto más allá del común sustrato de lo subjetivo.

Los temas de esas vivencias y su expresión y estética no se “frangollan” –como decía Alfonso Reyes-, como esa versificación corriente emplastada con bizmas que tratan de resolver problemas métricos o suplantar la existencia de un auténtico estremecimiento poético. Cada experiencia es en sí misma el agua inmanente de un hálito definido e incanjeable en la integridad del poema.

La cronología de la publicación que hemos mencionado no corresponde desde luego a la de su elaboración; esta sangría del tiempo interesaría en verdad poco; más acá de ese margen accidental una interpretación crítica se iniciaría, para señalar el más elemental trazo de la poesía de A. R. y R., con aquel Dos Jardines en el que la emoción primera, estructurada para dos estancias diversas de lo poético, llega hasta la transformación de una posterior edad; porque primero:

“Antes de nuestro encuentro,
en la era
de las fábulas blancas y los cuentos
cuando tú, seriamente, soñabas
ser alumna de pájaros
y hermana del viento…”

“Y luego, el caminar ya sin orillas,
hecho de sombras y soles el sendero
hacia el norte seguro de tu imagen
con la canción al hombro, o florecida
en el bordón poeta del romero.
Jardín de juventud, haz de recuerdos.
venturosa nostalgia enternecida
colgada de mis sueños”.

Y la trayectoria que esa interpretación diseñara pondríanos como término actual el Canción para las adolescentes o aquella tercera estancia de Voz de Silencio:

“Con estos ojos y esta voz que no morderán el polvo,
porque más allá del barro
se abre el círculo de la luz y el anillo del viento”.

La más cumplida inmersión del poeta en su metáfora es el hecho de que su vivencia está encarnada en los signos de su expresión. Incidentalmente en Voz de Silencio se configura el plano de las metáforas de A. R. y R.:
“Un lenguaje de flores, de alas y de espumas”.

Así viértese plena esta auténtica convivialidad poética fraguada por el poeta entre su universo subjetivo y el decir concreto:

“Tú serás siempre
núbil adolescente
de cristal y de música…” (Luna de Horas)

“Tú vives con las luces del color de la hora”.
(Esbozo de la Sierra).

La justa altura
Dentro de la breve apuntación de temas que es esta nota, es preciso decir además que un estudio de la realización poética de A. R. y R. debe cimentarse, aun limitada a trabajar sobre los pocos temas publicados –estamos comentando a un poeta de treinta años de quien es justo esperar una íntegra madurez-, en la investigación de estas dos funciones: la de su peculiar habilidad metafórica –hemos señalado su calidad sustancial-, y la de su ligazón sintáctica limpiamente –sin copismos- relacionada con la más alta realización poética contemporánea. Estudiaríase también destacando por su cuidado diseño la poesía de A. R. y R., el orden consabido de la versificación, que tantos tienen olvidado y hollado de modo particular en el verso libre. (Del riguroso trabajo métrico de A. R. y R. es claro exponente el poema Nocturno en Liras, destacado en los recientes Juegos Florales de Saltillo, de próxima publicación).