Acaso la realidad de mi propia historia no sea sino el más bello cuento de hadas que yo he pedido desde la infancia.

Alfonso Rubio y Rubio



Lo que aprendimos de ti, tío Alfonso,...

Por Alicia Salinas de Lamadrid


A caminar por senderos desconocidos con seguridad y confianza.
A dar protección en momentos de necesidad.
A tener paz en el espíritu y amor en el corazón.
A coincidir con los amigos.
A ayudar en el crecimiento de los demás.
A ser alegre compañía.
A llevar siempre una fiesta en el corazón.
A aprender más y mejores cosas.
A ver en el trabajo un medio que nos ayude a desarrollar nuestra vocación.
A apreciar la creación y la naturaleza.
A afrontar las dificultades con entereza.
A vivir en la esperanza.
A buscar momentos de silencio a pesar del ruido de la vida.
A compartir la alegría de los hombres.
A llenarnos de sueños y anhelos.
A desarrollar el gusto por viajar, por conocer otros lugares y descubrir la gran belleza que el mundo nos ofrece.
A llenarnos de entusiasmo en nuestras empresas.
A vivir momentos de soledad para encontrarnos con nosotros mismos y con Dios.
A darnos cuenta de las muchas bendiciones que se derraman en nuestra vida.
A llevar a cabo todos nuestros proyectos.
A expandir nuestro horizonte.
A purificar nuestro corazón de sus flaquezas.
A cuidar las relaciones con el prójimo.
A experimentar la belleza y la abundancia en toda nuestra vida.
A tener paciencia para con las otras personas.
A hacer de Dios el centro de nuestra vida.
A cumplir con nuestra misión.
A que abramos nuestros ojos a la hermosura de esta tierra.
A que nuestro trabajo sea un verdadero servicio para el mundo.
A estar siempre llenos de amor y de atención hacia los demás.
A abrir los ojos a la luz de la Presencia de Dios.
A vivir en la ternura.
A encontrar refugio en las dificultades.
A ser agradecido.
A recibir consuelo en los momentos de dolor.
A tener siempre fe y esperanza en Dios.
A conservar el sentido de la alegría de vivir.
A tener un corazón siempre generoso y abierto hacia los que lo necesiten.
A desarrollarnos como personas.
A tener risa abundante que aligere nuestros caminos.
A recibir la gracia divina con los brazos abiertos.
A ser buena compañía.
A ser estímulo para nuestro crecimiento personal y comunitario.
A ser capaces de salir adelante.
A perdonar.
A no dejarnos llevar por lo material.
A profundizar en la vida del espíritu.
A llenar de alegría nuestras vidas.
A tener compasión, valor y sabiduría.
A tener presente en nuestra vida a la bondad.
A tener un corazón humilde.
A comenzar cada día con entusiasmo y alegría.
A sembrar paz, solidaridad y amor entre nuestros hermanos.
A configurar nuestras vidas diarias como verdaderos Hombres.
A ser un alivio en los dolores y las dificultades de los demás.
A buscar la armonía en el vivir.
A que nuestros pensamientos sean claros.
A no dejarnos caer en el estancamiento espiritual.
A irradiar el amor de Dios en los demás.
A tener fuerza y valentía.
A dejar entrar la luz a nuestro interior.
A estar siempre disponibles.
A llenarnos de sabiduría para saber tomar las decisiones correctas.
A tener la seguridad de que Dios nos lleva tomados de la mano.
A amar a los demás tal cual son.
A tener fortaleza para enfrentar las contrariedades.
A seguir siempre creciendo en la luz y en el amor de Dios.
A descubrir lo que verdaderamente es importante en la vida.
A reconocer que el amor es trascendido a través del tiempo.
A vivir más plenamente.
A ser sencillos de corazón.
A tener siempre nuestros brazos abiertos para acoger a los demás.
A descubrir que es imposible enseñar sin aprender algo.
A disfrutar de la alegría de la plena contribución a la creación.
A despertar la verdad en nuestros corazones.
A buscar la dicha, la paz y la armonía.
A fortalecer nuestros lazos familiares y de amistad.
A buscar el camino de lo sagrado.
A abrir nuestros corazones y nuestros ojos interiores.
A ser amables con las personas.
A tener fe en Dios y en la Virgen y en su gran amor.
A buscar una vida plena.
A mantener el corazón y la mente jóvenes.
A ser optimistas.
A tomar el compromiso de enseñar e iluminar a los demás.
A mantener la serenidad en las dificultades.
A tener sentido del humor.
A caminar por el sendero de la paz.
A purificar nuestro corazón.
A aprender a leer los signos.
A reconocer que no es posible una vida feliz sin los demás.
A querer siempre aprender cosas nuevas.
A buscar lo mejor en la gente y en las cosas.
A platicar de cosas interesantes.
A gozar de la poesía y del arte.
A mantener despierta nuestra curiosidad.
A estar atentos al espíritu que nos habla.
A dedicar tiempo a meditar y a reflexionar.
A buscar la serenidad del corazón.
A crear en nosotros un espíritu de comunión.
A descubrir que la felicidad no depende de cuánto tengamos, sino de cuánto lo disfrutemos.
A leer a los autores clásicos.
A atraer a todos los hombres a la alegría.
A dejar tiempo para nuestro crecimiento espiritual.
A escribir lo que nos salga del corazón.
A ser generosos.
A darle valor a los recuerdos.
A no perder nunca el entusiasmo por conocer gente nueva y ver nuevos lugares.
A que lo único que le debemos a la vida es convertirnos en lo mejor que podemos ser.
A reconocer que amar y ser amados es la mayor alegría del ser humano.
A profundizar en el significado de nuestra existencia.
A celebrar la vida.